Durante la carrera de Filosofía, no paré de interesarme por el desarrollo de videojuegos, entre otras cosas. Un día de 2013, encontré por twitter de casualidad que se celebraba una gamejam en Sevilla. Una gamejam es un evento que se suele celebrar en un fin de semana que consiste en desarrollar un videojuego en torno a una temática que se da al comienzo de la misma. De las personas que se apuntan, hay diferentes perfiles: algunos programadores, artistas, músicos,etc. Y el organizador intenta reunir equipos más o menos funcionales para que se junten ese finde a desarrollar. Si todo sale bien, al final del domingo se exponen los videojuegos y se celebra un poco todo, a veces se dan premios, pero no es lo importante.
Pues bien, esta se llamaba Familiar Gamejam y ahí conocí al organizador (Sergio), una gran persona y muy inteligente, a quien ahora considero una gran amistad. Sergio trabajaba en Genera Games(ahora parte de Scopely) haciendo tema audio/música/sfx, y con el tiempo y varias jams tras la que hicimos amistad, me recomendó que si quería había una oferta abierta para ser QA Tester. A las empresas les encanta los estudiantes, porque pueden arreglar unas prácticas con las que pagan poco o nada, y a mi me hacia falta ese poco dinero, porque el alquiler me estaba recortando el dinero que tenía de la beca para estudiar la carrera a pasos agigantados. De forma que, siguiendo su consejo, envié mi cv en el que expuse mis habilidades relevantes para el puesto. Me escogieron y citaron para la entrevista, a la que casi no llego, primero porque no ví el mensaje hasta el último día que podían citarme, y segundo porque yo, en mi infinita sabiduría, me propuse coger el último tren que iba a la otra zona de la ciudad, que estaba a 1h andando. Los astros se alinearon y me dijeron a tomar por culo, ese tren no vino nunca, tuvo una avería, y tuve que ir corriendo desde la estación Santa Justa hasta casi Bami.
Llegué sudando, tarde y en camiseta un 8 de enero de 2016. La presentación no fue la mejor desde luego. Después de preguntar en recepción subió quien luego sería mi jefe, Gabriel, un mexicano chill de cojones, de esas personas que hablando con ellas te da la sensación de que no hay preocupación de nada. Nos sentamos en una habitación y me preguntó durante un rato sobre mis habilidades, le enseñé juegos que había realizado, tras lo que abiertamente me dijo que estaba sobrecualificado aún sin experiencia, por saber de bastantes temas de desarrollo de videojuegos, y me preguntó: ”-¿pero no te interesa más entrar como programador? en QA se cobra muy poco”. Yo me reí y dije: “-no sabía que había oferta de programador” y el me dijo: “-es que no la hay”. y yo “-ah”. “-Pero mira, podemos hacer esto, entras como QA y luego intentas saltar a programador desde dentro, te será más fácil que intentarlo directamente en un futuro, pero no digas que yo te lo he dicho, ni menciones tus verdaderos intereses porque no se ve tan bien de cara a recursos humanos”. Y la verdad, fue un gran consejo, le agradezco enormemente su brutal honestidad en aquel momento.
Después entró Ana, quien sería mi jefa en QA al cabo de 2 meses, ya que Gabriel se fue y ella ascendió. Me dio unos folios en blanco y una tablet con un juego en estado beta que en ese momento se estaba desarollando en la empresa. Acto seguido, me pidió que probara el juego y sacara la mayor cantidad de bugs posibles que pudiera en 30 minutos. Mientras escuchaba sus palabras, sonreía para adentro, estaba seguro que esa prueba la iba a bordar, porque una parte importante del tiempo cuando desarrollas un juego por tu cuenta es darle al “play” y probar la “build” una y otra vez para pillar bugs y arreglarlos. A mis espaldas habia más de mil horas de testeo de mis propios juegos, que pasé en incontables tardes y noches, y conocía perfectamente desde el punto de vista de programación dónde suelen estar los despistes más comunes a la hora de crear una mecánica de un juego. Sobre todo en colisiones, físicas, y clicks rápidos de menús emergentes que suelen llevar al crash del juego al no estar pensado para esos casos extremos. También en cualquier mecánica que ofrezca muchos grados de libertad, porque las posibles combinatorias que el usuario puede llegar a hacer se disparan, y los programadores no tienen tiempo para probarlas todas.
Así fue, rompí y crashee el juego montones de veces, y documenté el proceso paso por paso en los folios detalladamente. Entregué la prueba y me fui a casa ese mismo viernes. El lunes siguiente me llamaron para empezar a trabajar. Me pude enterar más tarde por palabras de Ana, que a mi prueba le pusieron un 10, y que lo más importante no fue que encontrara errores, que también, sino por lo bien documentado y escrito que estaba. Y es que al ver las pruebas de los demás, aunque hubo algunos que también encontraron bastantes errores, su letra y expresión eran un desastre, y esa era una ventaja enorme que tenía alguien que venía de Filosofía, si algo hacemos bien, es escribir un montón. En QA es tan importante encontrar errores como documentarlas de la manera más clara posible, para que luego el equipo de programadores pueda reproducir perfectamente la secuencia de pasos y arreglarlo.
El problema para aceptar el trabajo fue que desde recursos humanos me recomendaron que aplicara a la oferta a través de Ícaro, una plataforma para arreglar prácticas entre las empresas y la universidad. Para aplicar aquí debía rellenar unos papeles que me formalizaran como alumno con prácticas extracurriculares… de la carrera de Filosofía (?). Di bastantes vueltas por mi facultad intentando encontrar al responsable de firmarme esos papeles. Finalmente encontré a Pepe Barrientos, quién entre risas me aseguró que sería la primera vez que esto ocurría xd, y que suerte para que me firmaran en la oficina de prácticas extracurriculares.
Allí me dirigí seguidamente, donde pasó algo que nunca olvidaré. Me presento en la ventanilla, el señor me mira, mira al papel, me vuelve a mirar, vuelve a mirar el papel, se hace el silencio, yo sonrío y proclama: “-Chaval, no sé qué tiene que ver Platón con los videojuegos, ni cómo has conseguido el puesto, pero ole tus cojones, es lo más raro que he visto en mi trabajo”. El tipo se gira en su silla mientras se ríe, su compañera exclama desde el fondo de la habitación: “¡ni yo! ¡pero deja al chaval hombre!”, acto seguido coge su sello y firma el papel: ”-¡Que te vaya bien chico!“. Gracias señor, fue un momento memorable.
Y así fue como conseguí ser, al menos de la facultad de Sevilla, el primer alumno de Filosofía con unas prácticas extracurriculares.